Holocausto en el Siglo XXI

Demoledor Informe de Amnistía Internacional: Hasta 13.000 personas murieron ahorcados entre los años 2011 y 2015 bajo el régimen sirio de Al Assad. Lo hacían en tandas de 50 y la media de ejecuciones al mes, todas en secreto, rondaba las 300
Por Roxana Sáez

A cualquiera que le pregunten por el Holocausto Judío –con mayúsculas- se echará las manos a la cabeza e inmediatamente dirán que fue un horror imposible de olvidar. Las imágenes de los campos de concentración, repetidas una y otra vez en grandes e inolvidables películas llevadas al cine, no sólo sirvieron para denunciar las atrocidades cometidas en una etapa de nuestra historia, por un ser tan despreciable como Adolfo Hitler, sino que nos ayudaron a rebelarnos contra unas prácticas que jamás pensamos que volvieran a repetirse.

TOPSHOTS A handout picture released by the United Nation Relief and Works Agency (UNRWA) on February 26, 2014 shows residents of Syria's besieged Yarmuk Palestinian refugee camp, south of Damascus, crowding a destroyed street during a food distribution led the UN agency, on January 31, 2014.  AFP PHOTO/HO/UNRWA   === RESTRICTED TO EDITORIAL USE - MANDATORY CREDIT "AFP PHOTO / HO / UNRWA" - NO MARKETING NO ADVERTISING CAMPAIGNS - DISTRIBUTED AS A SERVICE TO CLIENTS ===
TOPSHOTS
A handout picture released by the United Nation Relief and Works Agency (UNRWA) on February 26, 2014 shows residents of Syria’s besieged Yarmuk Palestinian refugee camp, south of Damascus, crowding a destroyed street during a food distribution led the UN agency, on January 31, 2014. AFP PHOTO/HO/UNRWA === RESTRICTED TO EDITORIAL USE – MANDATORY CREDIT “AFP PHOTO / HO / UNRWA” – NO MARKETING NO ADVERTISING CAMPAIGNS – DISTRIBUTED AS A SERVICE TO CLIENTS ===

Aunque han sido muchos los títulos cinematográficos que han recreado en la gran pantalla la dramática realidad vivida en el mayor genocidio del siglo XX, en mi caso tengo tres grabados en la mente: La lista de Schindler, de Steven Spielberg, La Vida es Bella, de Roberto Benigni y El Niño con el Pijama de Rayas, de John Boyne, aunque no olvidó tampoco el resto.

La Vida Es Bella 2

No sé si por mi juventud en aquel entonces, pero recuerdo el mal cuerpo con el que salí del cine tras ver la película de Spielberg. En ella se cuenta la historia de Oskar Schindler, un empresario alemán que salvó la vida de alrededor de 1.100 judíos polacos durante el Holocausto. La imagen que no olvidaré fue la del abriguito del cuerpo sin vida de una pequeña -destacado en color púrpura en un film en blanco y negro- entre el montón de víctimas apiladas en un campo de concentración tras ser exterminadas.

El niño con el pijama de rayas

El Niño con el Pijama de Rayas: dos pequeños separados por una alambrada del campo de exterminio de Auschwitz pero unidos por una gran amistad pese a estar en dos mundos completamente diferentes. La inocencia de ambos acaba en una terrible tragedia imposible tampoco de olvidar, pero con un mensaje claro. Ambos niños acabaron siendo víctimas del genocidio pese a que en uno de los casos era el hijo de uno de los asesinos del régimen.

Refugiados 2

La Vida es Bella: una magnífica película, que no me canso de ver, en la que el amor de un padre hacia su hijo está por encima de todo convirtiendo el horror en un juego que nos hizo también llorar.

Hemos llorando mucho en el cine y hemos escuchado los llantos de los que nos acompañaban en sesiones de las que salíamos impactados y que aún seguimos viendo con lágrimas en los ojos, sin embargo, pocos lloran al ver los telediarios del siglo XXI en los que a diario vemos imágenes de una dureza extrema imposibles ya de enumerar porque la lista es interminable.

Cuento esto tras ver ayer en una cadena de televisión privada una noticia que en realidad es un secreto a voces desde hace tiempo, aunque algunos prefieran no verlo: El Holocausto que estamos viviendo en el siglo XXI. Según un informe de Amnistía Internacional, hecho público ayer martes, el régimen sirio de Bashar Al Assad ha autorizado durante años miles de ahorcamientos sistemáticos en una de las prisiones de las afueras de Damasco, información que como era de esperar ha negado el Ministerio de Justicia Sirio.

Según la denuncia, hasta 13.000 personas murieron ahorcados entre los años 2011 y 2015. Lo hacían en tandas de 50 y la media de ejecuciones al mes, todas en secreto, rondaba las 300. Los presos eran condenados a muerte en un simulacro de juicio, de no más de tres minutos, ante un Tribunal Militar. Luego eran conducidos al sótano de la prisión con los ojos vendados. Una vez allí, les golpeaban durante al menos tres horas antes de ahorcarlos. No sé lo que pensarán ustedes, pero como se suele decir, a esto en mi tierra se le llama genocidio, aunque aún no se hayan empezado a rodar películas en Hollywood de esta atrocidad en mayúsculas, denunciada ayer martes en un informe que no tiene desperdicio.

Desde que comenzó la Guerra en Siria más de 11 millones de personas han tenido que dejar sus casas, y más de 4 millones han abandonado el país huyendo del horror en busca de una vida mejor. Estamos siendo testigos como mucho de ellos están muriendo en el trayecto e incluso como la ola de frío no ha podido ser superada por muchos de ellos también por carecer de algo tan básico como es ropa de abrigo preparada para soportar temperaturas bajo cero.

En pleno siglo XXI creo que asistir a escenas como las que vemos cada día en los telediarios obliga a la comunidad internacional a actuar con contundencia y dar solución a un HOLOCAUSTO en mayúsculas. Mientras agradecer a los miles de voluntarios y profesionales que trabajan cada día para ayudar a estas personas el gran trabajo que están haciendo arriesgando sus propias vidas como estamos viendo también cada día.