Iglesia para los pobres

Cada vez escucho a más gente decir que la Iglesia – la Católica – debe ser una iglesia para pobres. Les confieso que nunca he creído que fuera para los ricos. De hecho, desde que tengo uso de razón he visto a la Iglesia ayudar a los pobres. Y en ninguna parroquia he observado la reserva de lugares de honor para ricos.

Caritas

Es más, no conozco ninguna otra institución o grupo humano de carácter político, deportivo, cultural, altruista, recreativo, filosófico, excursionista o también religioso tan volcado con los pobres. Por ejemplo, Cáritas, las misiones en los países más pobres del mundo, los comedores sociales repartidos por toda la geografía nacional… y un largo etcétera.

Sin embargo, hay gente que se empeña machaconamente en reivindicar que la Iglesia debe ser una iglesia para pobres. Menos mal que no es una iglesia para los ricos, porque los actos vandálicos contra parroquias, curas y monjas de los años treinta serían el pan nuestro de cada día.

Tal vez porque hay gente que no quiere ver más allá del lagrimal, o bien porque a la Iglesia le hace falta una buena dosis de marketing, el Barómetro de Confianza Ciudadana en las Instituciones elaborado a finales de 2016 por la demoscópica Metroscopia asegura que los curas de las parroquias, la Iglesia Católica y los obispos se sitúan entre las instituciones con menor aprobación ciudadana.

Es curioso el caso de los curas párrocos, que sólo obtiene el 46% de aprobación, cuando en 2013, según el mismo estudio de Metroscopia, superaban el 50%. Y me da la sensación de que es moda, tal vez influida por determinados pensamientos políticos, dar caña al clero.

Salvo casos puntuales en los que intervengan curas que se salen del redil – como seres humanos que también son con capacidad de lo peor – la mayoría de ellos hacen lo que deben, atender las almas y ayudar a los que menos tienen.

Por ejemplo, conozco a un sacerdote, por nombre Ramón Tejero, que parroquia por donde pasa organiza actos y eventos para recaudar fondos con los que ayudar a los más necesitados. Lo último, adaptar un cuarto de baño para una persona mayor e impedida. Este cura ha hecho tanto por todos, que cuando dejó su anterior parroquia (La Cala de Mijas), el Ayuntamiento del municipio le nombró hijo adoptivo y puso su nombre a la plaza donde se sitúa el templo.

No creo que mi amigo Ramón Tejero sea el único párroco que se vuelque con sus feligreses en lo material y en lo espiritual. Conozco a muchos más. Por eso, estoy convencido de que ni los párrocos, ni la Iglesia merecen el suspenso que otorgan los encuestados por el estudio demoscópico.