Copago

“Como jubilado no me gusta pagar más por mis medicinas, pero estoy a favor que paguen más los que más cobran por sus pensiones”

Bromeo con los empleados de mi farmacia de cabecera y les digo que me tienen que dar el título al cliente del año. Soy un destacado consumidor, muy a mi pesar, de medicamentos. Eso sí, siempre por prescripción facultativa. Soy enfermo crónico de varias dolencias. Y de vez en cuando debo pasar unos días en el hospital, de cuya farmacia también recojo con más frecuencia de la que quisiera medicinas que no se comercializan en las boticas de barrio.

copago farmaceútico

Además de todo eso soy, muy a mi pesar también, un hombre jubilado. Luego, comprendo mejor que nadie los temores de pensionistas como yo a un incremento del copago farmacéutico. Aunque no logro entender a partidos supuestamente progresistas y sindicatos, el rechazo al desmentido del supuesto incremento del copago de las medicinas. Debe ser porque son partidos de la oposición y se deben oponer a todo. Incluso a aquellas propuestas propias de su ideario político.

Conozco padres de familia que ganan mensualmente menos que un jubilado. Incluso menos que pensionistas que sólo perciben 18.000 euros. Padres que, con penurias y sin derecho al menor de los lujos, sacan adelante a sus familias. Y pagan sus medicinas. Unos auténticos héroes. Pero de estos, ningún partido de izquierdas ni sindicatos habla. Cómo mucho recuerdan que son los que menos impuestos deben pagar porque son los que menos tienen y son los que más derechos sociales han de disfrutar.

Siguiendo esa lógica, si quien menos tiene es el que menos impuestos debe pagar a las arcas públicas, el que más tiene es el que más debe pagar. Luego, no es sensato que un jubilado cuya pensión esté en la escala más baja de la pirámide pague lo mismo por un fármaco para la tensión arterial que aquellos que más cobran mensualmente. Circunstancia que sí debe provocar hipertensión.

Eso sí que sería una auténtica redistribución de la riqueza, un planteamiento económicamente progresivo, progresista y justo, al que los partidos de izquierda y los sindicatos se oponen. Es más, los sindicatos quieren que las medicinas sean gratis para todos los pensionistas. Incluso para los que más ganan. Es decir, que los padres de familia que cobran bien poco por trabajar durante todo un mes sigan financiando con sus impuestos, por vía directa o indirecta, los medicamentes de aquellos pensionistas que más cobran o cobran el doble.

Como jubilado que soy, no me gustaría pagar más por mis medicinas. Pero estoy a favor que paguen más los que más cobran por sus pensiones. Por ejemplo, hace un par de días volví a mi farmacia de cabecera. Me llevé una bolsa con insulina rápida, insulina lenta, tiras reactivas, metformina, inmunosupresores varios y un protector de estómago. No llegó a los 20 euros. Tengo medicinas para más de tres semanas. Si hubiese pagado diez o veinte euros más, no saldría de pobre ni dejaría de ser rico. Seguiría siendo un pensionista de la mitad de la pirámide y podría llegar a final de mes, sin lujos, y sin título de cliente vip de la industria farmacéutica.

El gobierno, mejor dicho, la ministra de Sanidad, Dolores Monserrat, ha desmentido el incremento del copago a pensionistas que ella mismo anunció en una emisora de radio catalana. Tal vez, fruto de su bisoñez en el cargo y de no saber, todavía, medir los efectos mediáticos de una metedura de pata. Pero no me desagradaría que más pronto que tarde la medida se pusiera en marcha. Siempre y cuando los pensionistas que ganen menos paguen todavía menos.